
El gigante castigaba y profanaba a la raza diaguita quedándose en las Sierras de Zapata. En aquel tiempo este impedía el paso por la Quebrada de Zapata a los aborígenes que intercambiaban productos comestibles, de este modo generó una gran hambruna en todo el Valle del Abaucán. Llegó el invierno y los diaguitas pidieron a la Pachamama que lo castigue dejándolo sordo, siego y mudo. Escuchó a diosa de la tierra y mandó una furiosa tormenta de tierra ayudada por el viento zonda. Este sopló todo el invierno y dejó al gigante tendido, cansado de tanto luchar en contra de la correntada furiosa del viento. La Pachamama no solo lo castigó dejándolo sordo, ciego y mudo, sino que lo hizo sentir toda el hambre, sed y frío, enviando al viento zonda a envolverlo en nubes de tierra todos los fríos inviernos. En aquel tiempo lo envolvió con un blanco de nieve y así lo castigo por décadas. Luego de hacer sufrir al gigante, la Pachamama decide dejar de hacerlo sufrir, pero para que deje de hacer maldades lo duerme eternamente convertido en piedra. Al gigante se lo ve claramente, su cabeza y su perfil, amplia frente, nariz y pómulos prominentes, labios gruesos, quijada y garganta bien contorneadas. Sus rodillas y pies reposan hacia la Cuesta de Zapata destacando su notable forma.